Hoy decidí ver las imágenes que había escuchado en estos días, las que quedaron impresas en la angustia de los rostros. Habíamos estado ensayando cómo se hace para no estar donde te esperan, donde te suponen... algo que parece romántico, volado... cagón. Una y mil posibilidades de hacer un hoy para lo que viene después de lo que no tiene fin, lo que confunde al uno con el otro hasta hacerlos eso que se necesita: un rival.
Rivales, eso necesitan estas formas sistemáticas de usar el odio como combustible sustentable del odio. Autoconsumo, cada uno de los convencidos de acá o de enfrente, se empiezan a parecer tanto entre sí que pierden la propia audición, la visión, el gusto... Miran con odio al par que los acompaña de diferentes modos porque sólo hay un modo para el convencido, todo lo otro empieza a ser sentido sospechable y termina en enemigo.
Así estamos, autoconsumiendo las fuentes de vida, secándolas. Ya sea ahogando con la diversión ininterrumpida y vanal, ejerciendo la distracción obligada. O sea el suicidio de ponerse allí donde hay que estar para que la bala se justifique. Para seguir igual, sin transformar, sin transformarse.
Toda la naturaleza nos muestra generosamente cómo funciona la transformación en el crecimiento de la vida. Sólo hay que detenerse y respirar, dejar latir el corazón a su propio ritmo, apagar las marchas que lo conducen o lo inducen... Recuperarse
Estamos siendo el que mata al criminal y ocupa su lugar.
Esto sólo se detendrá el día que no haya más razones (ratones)
No hay comentarios:
Publicar un comentario