lunes, 30 de abril de 2018

Los límites de la poesía


Mamihlapinatapai/ Origen yagan de Tierra del Fuego 

calificada por El libro Guinness de los Récords como “la más expresiva de la historia”. 

 Según Charles Darwin 
“Sus palabras son gruñidos inarticulados, no son un idioma”.

 

Y según Thomas Bridges, pastor anglicano, primer hombre blanco que habitó en Tierra del Fuego (1856), recopiló en su diccionario inglés-yámana 32.000 palabras y vivió asombrado por el vocabulario, la gramática y el sabio uso de los verbos por parte de estos nativos.
Tenían cinco palabras diferentes para nombrar la nieve (según el tamaño o la dirección de los copos) y eran muchos los términos que usaban para mencionar la playa, que cambiaba de nombre de acuerdo a que lado del agua estaba quien la mencionaba y según quien fuese el que la nombraba: hahshuk (playa con piedras), lahpicun (playa con barro), asetan (playa arenosa) o wahan (playa para ir a secarse).
Para vínculos familiares existían más de cincuenta denominaciones pero los números sólo llegaban hasta 10 (lo común era usar hasta 3): 1 (kavuéli), 2 (amaka) y 3 (maten).
Más de 10 era “mucho”. O más aún: “demasiado”. 
Cada palabra variaba de significado según el sitio en la que se decía: una palabra no significaba lo mismo en una canoa que en el bosque, no representaba lo mismo cuando el sol estaba alto en el Estrecho de Magallanes que cuando la luna brillaba sobre el Canal Beagle.
Friedrich Nietzsche pensaba que las palabras jamás llegan a la verdad y que los diferentes idiomas y lenguas son un ejército de metáforas incapaces de alcanzar la realidad. ¿Pero qué hubiera pensado de haber sabido que las palabras de los fueguinos eran exactamente lo que ellos veían, pero pasado por el tamiz de una asombrosa poesía? Tal vez habría pensado, como quien escribe esta nota, que nunca como en el caso de los yámanas las palabras estuvieron tan cerca de ser lo que deseaban nombrar.
Bruce Chatwin (“Patagonia”, Londres, 1977) se asombró al encontrar un pueblo que, como el yámana, para definir la “monotonía”, decía que era “lo mismo que no tener amigos varones”. O que para decir “depresión” o “crisis” utilizaba la misma palabra que describía “el período difícil en que el cangrejo pierde su viejo caparazón y está esperando a que el nuevo le crezca”.
El peor insulto era Walapatuj que significa hombre que ha matado a otro hombre y esa palabra no se aplicaba a muertos en pelea. A un hombre que había perdido un dedo lo llamaban Wash terrh khomm (el zorro de la montaña que ha perdido una garra).
Yámana es una palabra que proviene del yagán y significa “hombre”. Yagán fue el nombre que dio Thomas Bridges a los nativos que vivían en el Paso de Murray que los nativos llamaban Yahga. En cuanto a kawésqar el significado de la palabra es "seres racionales de piel y hueso".
Los yámanas mencionaban la primavera imitando con la boca el sonido que parpaban los patos al llegar esa estación del año. Y cantaban en la costa para que se les acercasen las ballenas que eran parte de su alimento. Y las ballenas iban. Pero no era magia: sólo cantaban en la época en que los cetáceos se acercaban a esas costas…
Si las palabras son metáforas quiere decir que se parecen a la poesía. Pero en el caso de los yámanas y los kawésqar nosotros sólo podemos sentir que todas sus palabras eran poesía pura.
No conocían el vértigo, se cortaban el pelo con valvas de almejas, eran fuertes y musculosos (no tanto como ciertos cuadros que los pintan como a obreros de Ricardo Carpani) y no conocían la calvicie ni el dolor de muelas. Vivían desnudos en la nieve, sufrían de los ojos por el humo que encendían en las chozas para cocinar mariscos, sentían gran ternura por los animales (perros recién nacidos de perras que morían eran amamantados por mujeres kawesqar), las madres no usaban cunas y los bebés dormían en sus brazos contra el pecho desnudo.
Comían frutos del mar y frutillas (rubus geoides). Y eran tan inocentes que, cuando los golpeaban los hombres blancos, les decían la palabra frutilla creyendo que así los podían endulzar.
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Lo que continúa a esta selección del escrito de Luis Frontera, es triste, brutal. Pertenece a la conquista...
En la actualidad, se considera a sus formas de vivir en comunidad como un modelo de equilibrio, sabiduría y buen trato.




lunes, 23 de abril de 2018

Ternura



 Hacer lo que me gusta no es algo fácil.
Sólo puedo vivir así y no me conformo con acomodar ingresos, eso poco vale sin gracia, sin encanto.
Ya no me gustan ciertos planes que imaginaba para esta etapa, los veo como círculos viciosos.
Por lo menos voy descubriendo lo que no quiero, y también que debo inventar.
Hay tiempo y ganas de elegir bien. Pocas ganas de hablar, las palabras me salen como repetidas y desganadas. Me hace bien la biodanza y poder estudiarla para niños. Encuentro otras formas de escuchar sobre todo, y también de decir. El origen de esta búsqueda sigue siendo amoroso, y  está el dolor, que ya no se trepa por las paredes de mi pecho.

No puedo mirar a mi alrededor las noticias, se comparten las escenas violentas, y se vive exaltado o inerte. Trato y busco los lugares creativos, románticos les llaman, como si el levántate y anda no fuera un acto de coraje, somo si la alegría tierna debiera ser reemplazada por una diversión hilarante hasta sacrificio de tu propia manera de ser, a un ser todos-para sentir al día siguiente que no sos nada. Puedo estar sin sentirme tan diferente, puedo hacer lo que quiero, pero en algún momento me duele el dolor del que se ultraja, se traiciona. Eso lo siento a pura humanidad compartida, a veces antes que manifieste su dramatismo.
He despejado algunos compromisos regulares por una semana, voy reuniendo las ideas del último mes, las escenas, los contactos, y armando posibilidades. Imaginando lugares.
 Una vida diferente, distendida e intensa.



lunes, 16 de abril de 2018



Tiempo de perder el tiempo apurado y desconsiderado, trotado. Va quedando enganchado en los días que pasan como postes al costado del camino; como las babas del diablo, que anuncian buen tiempo, soleado.
Tiempo nuestro,mío, que deja ser y hacer, llevar, traer, con ritmos de andar haciendo caminos. Se cruzan las oportunidades de elegir y hacer, de tomar distancia y esperar. Mientras las frutas del verano se pasan y quedan a punto para hacer dulce, las hojas caen por todos lados y tapan, cubren, amortiguan y desalojan a las estridencias del verano.
He viajado y encontrado otras voces, las he grabado, pensando en producir desde senderos de hormigas que se mueven silenciosamente, mientras rugen las bestialidades y se  lamentan los que pierden,
creyendo que fracasan.


Las voces de la imaginación y los inventos, de las salidas y las comunidades.  La magia de Macondo. 
Mirta bajando de la quebrada como una guerrera de la vida; 
Juan repartiendo emocionado su producción, su alegría compartida, vencedora de contratiempos y sinsabores
seguramente.


Algo de magia de kermes, de infancia, y de noches con cantos y días con bailes y ceremonias que acobardan las soberbias. Junto al ancho Paraná. Mezclados, celebrando con poco la abundancia del dar y recibir.

Me desborda la energía.








miércoles, 4 de abril de 2018

Días


Pasabas ahí, tan cerca, en el trajín de tu trabajo; iba y venía la correntada interior que me circula en estas in-esperadas situaciones. Algo como la alegría, la de vivir.

                                                   ⇹


Tengo pocas palabras y muchas ideas a mi alcance. Es momento de recolectar y componer una sabrosa propuesta de trabajo? no puedo llamarla así, casi ni se nota que lo sea

                                                                                  ⇹


Me gustaría contarte, pero no decirte. Contarte en el aquí y ahora de mis días


                                                      ⇴


Empalaga la frivolidad cuando se hace la inocente, extraño rudas maneras de ser honests
                                             
            ⇼


Va yéndose el otro día, y tenerlo ocupado y andante, no ahuyenta la melancolía


                                                      ↭

Quepido gancho alcorazón hasta questés