lunes, 29 de abril de 2019

Dientitos de ajo


Creo en los paréntesis, 
las entrelíneas, las metidas de pata 
y los defectos.
En lo imperfecto y lo inesperado.

En todo aquello haciendo sentir que uno no sabe
no sabe qué hacer
qué decir

En no
abandonar 
la expresión

descongelar 
los hábitos
las casillas
las significancias
estancadas
estanciadas
que no se levantaron para seguir


Lo otro es repetir

Tampoco 
puedo dejar 
de creer 
en lo que vivo
con muy pocos planes

distrayéndome 

y concentrándome

y atenta

a lo que

voy escubriendo:
la maravillosa construcción 
de una semilla de ajo

los perlados
dientitos 
de la roseta única
que habrá inspirado 

los hacedores
de oropeles

La belleza original 
para  crear

Encontrar el motivo ...






lunes, 8 de abril de 2019

Dejar el alma


Cómo  abandonarla

Y andar desalmados

Perder

la brújula

en el camino incierto

de la vida

Allá donde se siente

el calor del ritmo

y la tibieza de las melodías

el frío veraz

el aire que se abre paso

oxigenando... nos

las miradas

las risas 

y el canto que sale

a unirse

con otras voces

que son ánimas

ánimo

vida 

esencias

de lo invisible que nos une.


Era un grupo de personas

que habían dejado el alma 

en el trabajo

No podían escuchar

la música y el canto que 

ofrecían desde un tablado.


Nadie cantaba ni bailaba.

  
Seguían hablando 

lo de siempre

distraídos de la belleza

Y distraídos 

subieron a sus coches

para volver a donde 

habían seguido estando.


No habían conmemorado 

bailado

ni cantado

Sólo habían

cumplido con algún deber




















Oasis



 Lo llamamos alma, poner alma para hacer más alma, una confederación de almas unidas por hilos invisibles.
 Uno va y viene entre uno y otro, tratando de encontrar la manera, hacer los ajustes, y en ese camino, va creciendo la diferencia entre posible y probable.
 Si el ideal está en la mente y en el corazón, es posible; pero luego hay que realizar el ámbito de lo probable en valles y llanuras fértiles, donde vivimos los hombres.
 Una vida termina para que algún otro tome la posta de continuar con las aspiraciones del alma colectiva. 
 Comprender que nadie se salva solo, que lo hacemos entre todos. Y que habrá que volver a ayudar, aunque nosotros mismos estemos a salvo.


 En los oasis, se siente la profundidad de estas decisiones. Lo transitorio se respira, la claridad del aire y del silencio es reveladora, la soledad no puede ocultarse.


 Comunidades que permanecen invisibles para los mismos protagonistas, llevados y traídos por las necesidades de un espacio posible, que los atrae para seguir siendo probable.