sábado, 30 de mayo de 2015

Irreductible


Flexiones para atender el agotamiento

 Por formación o deformación, reducimos a nuestros criterios a personas y situaciones, es el condicionamiento más interno y menos visible. Lo que entra en nuestro campo inteligible se valora, sopesa y organiza; y debe ser así para poder ubicarse entre las significaciones que lo ocupan y le darán o no, un espacio, la posibilidad de ser creíble y aceptable en ese mundo organizado, en el que busco la sensación de estabilidad aunque permanentemente deba reforzarla y amarrarla para que no se escape. Lo irreductible no entra, porque no me cabe.
Sin embargo entendemos y teorizamos que el mundo, el ser humano, es irreductible.
Si pudiéramos vivirlo, si lo impredecible, lo incierto e inesperado, formara parte de nuestras posibilidades de interacción; si pudiéramos darle lugar como decimos o como queremos hacer que suceda, tendríamos que estar dispuestos a sostener la inestabilidad, el terremoto interior que esas posibilidades desencadenarían en nosotros mismos, allá adentro.
 Pero coqueteamos con estas ideas, con la posibilidad de que sí pero no.
 Y desde entonces nos acompaña la insatisfacción, no poder sentir plenamente sin vela ni timón llevados por la corriente generada con el otro, lo otro sin afuera ni adentro.
 Y la queremos reemplazar con la voluntad, avanzamos con diferentes formas de atropello, de seguridad que quiere abrirse paso; de inseguridad que manotea algo que enturbie y permita sentir por los ratos que ese algo te permita o te invada.
 Y entonces, volvemos a empezar, a regresar al vicioso circuito de uno mismo a sí mismo.




lunes, 25 de mayo de 2015

Incorregibles

Incorregibles

  Hay una forma que persiste en nuestra manera de ser-hacer, un trazo, una línea que nos expresa antes que podamos controlarla y aún queriendo dominarla.
 Ha quedado viva, salvándose del formateo de la educación, de la socialización.
Incivilizada, nos hace las mil y una hasta que podamos comprenderla como nuestra forma de
ser, lo que nos hace reconocibles. Pero vivirla como defectos la mata de frío, y se esconde
y se avergüenza. 
 Sólo puedo referirme a la expresión, lo que busca crear otras formas para comunicarse, esas
líneas que nos salen por los dedos, trazan nuestros movimientos, sonidos y palabras,
buscan proyectarnos, pero no siempre “salen bien”. 
 Son las que dan comienzo a una historia que niega la expresión que no encaja, 
que no se corresponde con lo establecido.
 Sin embargo, con ella quedarán relegados trazos auténticos de nuestra expresión, los sin par,
que nos identifican e impiden que seamos una pila de huesos.  
Si no hacemos algo para dejar esas huellas, perdemos la oportunidad única de disfrutarnos, 
de volver a sentir algo parecido a las sensaciones del juego en la niñez.  
  Estoy pensando un quehacer, un ensayo conjunto y breve, para poner en juego
lo incorregible de nuestra escritura, nuestros intentos de decir cuando quiero escribir.
Qué hacer con lo que me impide disfrutar de lo que escribo si nunca dejé de sentirlo
como falta.  Enfrentados a los dibujos y pinturas de Joan Miró, encontramos mucho de
lo sancionado por criterios de corrección haciéndose obra de arte; tienen tanto de incorrectos 
como de auténticos. 
Incorregibles será una convocatoria a inventar a partir del error, de transformarlo en el punto de partida de nuestra obra personal, de un juego compartido con otros sin dejar de ser diferente. Sin otras pretensiones que sentir alegría por lo producido, 
que divertirse construyendo la propia obra.
  Falta poco, no sé cuánto, posiblemente horas, para difundir esta propuesta y ver si es posible reunirnos a componer
una obra individual y colectiva a la vez. Es una idea que hace mucho tiempo vengo imaginando, no es la primera vez que me viene y vincula con las dudas del otro, pero sí la primera 
en ser pensada como construcción de un proyecto.