"La luz ubicua recién descubierta es serena y silenciosa, ruidosas son las sombras y la
oscuridad. La luz apoya su mano en mi espalda. No me doy vuelta porque desde hace
mucho, mucho tiempo, reconozco su tacto. Es lo que primero vimos y nunca nombramos"
Así dice John Berger en La recuperación de la mirada. Percepción de un ojo sano.
Ando buscando nuevamente sus libros, quiero tenerlos para reconectarme con ese estilo
de escribir como conversando con lo que siente o piensa, relata, reflexiona y asombra,
trastorna y descubre mundos con otras posibilidades conviviendo bajo el barniz
de simplificaciones o sobrevaloradas interpretaciones.
Descongela la interacción del tiempo y los espacios, y sus paisajes están vivos.
Demuestra una contemplación que no toma distancia, que nos acerca a la vida
en movimiento, a sus historias y misterios, a sus silencios ruidosos.
Esto me devuelve a la lluvia torrencial del viernes a la noche, vientos y aguas enredándose
y desenredándose durante horas, festejando la respuesta primaveral a sedientas esperas,
tras algunas lluvias mezquinas de chubascos que eran chascos.
Esta lluvia estuvo siendo un estreno primaveral durante todo el día, viento y agua entre
truenos y relámpagos, rebalsaban cañerías, tiraban plantas, hojas, y dibujaban remolinos en
almácigos y matas.
Cuando despierto y levanto las cortinas, la salida al patio era una pileta. Arremangándome
la ropa y descalza, entré al agua helada y seguí disfrutando de caminar así a lo largo del
patio que había generado este invierno una mullida cobertura verde, sin rastrillo ni cortes
que impidieran desplegar hojas nunca vistas con ese volumen y crecimiento.
Anduve casi toda la mañana recuperando lo que pude, aspirando olores acres y musgosos,
retirando fácilmente las yerbas invasoras, redistribuyendo fuerzas y respiros.
El rosal que había crecido amarrado a la palmera, no sobrevivió por sí solo a las sacudidas
furiosas del frondoso ramaje que había generado en lo alto. Toda la planta quedó
extendida a lo largo del sendero, pero algunos gajos menos pretenciosos volverán a crecer.
Siempre me gustaron las tormentas de este tipo cuando no alcanzan tanta violencia que
impida disfrutarlas. Uno de los escenarios que revela el poder y la belleza de lo creado
sin nuestra intervención. La renovación del aire, y la vuelta en calma, reinician los ritmos
regulares, pulsos, respiraciones, pasos, voces y cantos, los bullicios, graznidos, aleteos,
chillidos, murmullos, lo esperable.
Energías transformadas