Y así, sin darse cuenta de lo que hacía, se encontró tomando una decisión desde vaya a saber qué lugar de sí misma. Apartó sus emociones más tiranas, y siguió el camino sin retroceder ni torcerlo por temor.
Y se sintió muy bien con esa sensación intensa que la había asustado tanto cuando no sabía quién decidía qué. Cuando estaba despellejada y todo quedaba asociado al dolor, era contra el dolor o con el dolor. Sintió que estaban vivas aquellas formas de quedarse ahí cerca suyo, como si nunca hubiera estado en otro lugar que no fuera ese. Y ofreció lo más íntimo que tiene, su silencio.
¿Habrá podido escucharlo?
Ese silencio es del espacio que no pide, ni conquista, ni posee, sólo sabe detener el tiempo y estarse con el otro, sintiéndose.
Sé que a partir de ahora, ella, que no es ninguna de las que fueron pero las con-tiene, puede quererlas y hasta admirarlas. Ella es la que se salía por los poros cuando lo encontró con su silencio cargado de signos de otro, un silencio de tormenta.
Justo hoy, este día último sólo para el calendario, rodeada del bullicio que en otro tiempo me sorbía el aire, decido apartarme para escribir esta celebración de mi punto de partida. Vaya a saber hacia dónde, hacia quién y cuándo. Para encontrarme tenía que encontrarte. Me haces bien