Hoy envié un saludo a una joven querida de mi familia que
saldría de largo viaje, sin saber si ya había regresado. No tenía fechas, y
envié un wasap, esta aplicación requerida que he comenzado a usar medio reticentinevitablemente. Cerré la participación de todos los
grupos con los que ya estoy comunicada diaria, virtual y medianamente- a pesar
de tanto recurso material. Así que ando wasapiando cuestiones prácticas, porque
lo es desde el momento que se ha extendido casi como el uoki-toki.
Cuando mando el saludo, todos a mi alrededor ya sabían
dónde estaba nuestro pedacito de familia y desde cuándo, Por el Face.
Y me dejó pensando…
Prefiero atrasar en esto, lo prefiero. Porque la respuesta
desde la distancia fue linda, y se
pareció al diálogo.
A fuerza de localizaciones face, los encuentros tienden a
ser comprobaciones, vengo a ver lo que ya sé que pasa y como ya lo imaginé, la
versión real me impacienta y puede resultar hasta aburrida o decepcionante
(quién reemplaza a una ficción, a un relato imaginado, ni el cine) Produce formas intolerantes de aproximación, sostenidas por tiempos que parecen programados, anda una impaciencia o urgencia tironeando siempre para otro lado, y mueren las conversaciones, es tan aburrido sentir que uno está intercambiando información, chequeándose.
Menos mal que somos
algunos cuantos los que seguimos prefiriendo el face to face (y el cheek to
cheek) Y de diferentes generaciones. Caso contrario,nos estaríamos volviendo mitológicos, presencias inefables, categorías de catálogo.
Creo que ya vivimos así “creyéndonos”, más que
conociéndonos.
Brindo por nuestro próximo face to face
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