Flexiones para atender el agotamiento
Por formación o deformación, reducimos a
nuestros criterios a personas y situaciones, es el condicionamiento más interno
y menos visible. Lo que entra en
nuestro campo inteligible se valora, sopesa y organiza; y debe ser así para
poder ubicarse entre las significaciones que lo ocupan y le darán o no, un
espacio, la posibilidad de ser creíble y aceptable en ese mundo organizado, en
el que busco la sensación de estabilidad aunque permanentemente deba reforzarla
y amarrarla para que no se escape. Lo irreductible no entra, porque no me cabe.
Sin embargo
entendemos y teorizamos que el mundo, el ser humano, es irreductible.
Si pudiéramos vivirlo, si lo impredecible, lo incierto e inesperado, formara parte de nuestras
posibilidades de interacción; si pudiéramos darle lugar como decimos o como
queremos hacer que suceda, tendríamos que estar dispuestos a sostener la
inestabilidad, el terremoto interior que esas posibilidades desencadenarían en
nosotros mismos, allá adentro.
Pero coqueteamos con estas ideas, con la
posibilidad de que sí pero no.
Y desde entonces nos acompaña la
insatisfacción, no poder sentir plenamente sin vela ni timón llevados por la
corriente generada con el otro, lo otro sin afuera ni adentro.
Y la queremos reemplazar con la voluntad, avanzamos con diferentes formas de atropello,
de seguridad que quiere abrirse paso; de inseguridad que manotea algo que enturbie y permita sentir por los ratos que ese algo te permita o te invada.
Y entonces, volvemos a empezar, a regresar al vicioso circuito de uno mismo a sí mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario