Atardece
y mientras enciendo la luz sobre la mesa de trabajo me distrae la ventana todavía abierta.
El sol quedó hecho brasas sobre los bordes del tapial, entre los jazmines y las ramas del mimbrero.
Un celeste grisiento frío de cielo anochecido va amoratando el encuentro con los rojos, los diluye y apaga.
Quince minutos de celestes y amarillentos han calmado un ardiente abandono del día.
Cierro la ventana, nada sucede ya.
Fragilidades de la fuerza.
Ritmos de la vida.
Somos una polilla
del universo

Muy bello
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