Lo llamamos alma, poner alma para hacer más alma, una confederación de almas unidas por hilos invisibles.
Uno va y viene entre uno y otro, tratando de encontrar la manera, hacer los ajustes, y en ese camino, va creciendo la diferencia entre posible y probable.
Si el ideal está en la mente y en el corazón, es posible; pero luego hay que realizar el ámbito de lo probable en valles y llanuras fértiles, donde vivimos los hombres.
Una vida termina para que algún otro tome la posta de continuar con las aspiraciones del alma colectiva.
Comprender que nadie se salva solo, que lo hacemos entre todos. Y que habrá que volver a ayudar, aunque nosotros mismos estemos a salvo.
En los oasis, se siente la profundidad de estas decisiones. Lo transitorio se respira, la claridad del aire y del silencio es reveladora, la soledad no puede ocultarse.
Comunidades que permanecen invisibles para los mismos protagonistas, llevados y traídos por las necesidades de un espacio posible, que los atrae para seguir siendo probable.
Comprender que nadie se salva solo, que lo hacemos entre todos. Y que habrá que volver a ayudar, aunque nosotros mismos estemos a salvo.
En los oasis, se siente la profundidad de estas decisiones. Lo transitorio se respira, la claridad del aire y del silencio es reveladora, la soledad no puede ocultarse.
Comunidades que permanecen invisibles para los mismos protagonistas, llevados y traídos por las necesidades de un espacio posible, que los atrae para seguir siendo probable.
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