Tiempo de perder el tiempo apurado y desconsiderado, trotado. Va quedando enganchado en los días que pasan como postes al costado del camino; como las babas del diablo, que anuncian buen tiempo, soleado.
Tiempo nuestro,mío, que deja ser y hacer, llevar, traer, con ritmos de andar haciendo caminos. Se cruzan las oportunidades de elegir y hacer, de tomar distancia y esperar. Mientras las frutas del verano se pasan y quedan a punto para hacer dulce, las hojas caen por todos lados y tapan, cubren, amortiguan y desalojan a las estridencias del verano.
He viajado y encontrado otras voces, las he grabado, pensando en producir desde senderos de hormigas que se mueven silenciosamente, mientras rugen las bestialidades y se lamentan los que pierden,
creyendo que fracasan.
Las voces de la imaginación y los inventos, de las salidas y las comunidades. La magia de Macondo.
Mirta bajando de la quebrada como una guerrera de la vida;
Juan repartiendo emocionado su producción, su alegría compartida, vencedora de contratiempos y sinsabores
seguramente.
Algo de magia de kermes, de infancia, y de noches con cantos y días con bailes y ceremonias que acobardan las soberbias. Junto al ancho Paraná. Mezclados, celebrando con poco la abundancia del dar y recibir.
Me desborda la energía.

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