Trazados de manipulación, sistemas intervenidos, correos que se desestabilizan, amenazas. Estamos donde espías y espionajes funcionan. Sólo basta detenerse y aguzar el oído, trabajan como las polillas, la carcoma, pudren, miran desde lo oculto. La figura tenebrosa del control. Dicho así, parece condición de perseguido. Sin embargo, se ha transformado poco a poco en un sistema de vida, un ordinario modo de comunicarse que impide reconocerlo como instrumento de organización.
Nada parece más ingenuo que lo que se naturaliza.
Revueltos en la aturdida y violentada masa, reinventamos acercamientos, hacemos lo que reúne, mantener un fuego sagrado que no es la antorcha de los triunfos. Hay una vida detrás de las guerras y las invasiones, que insiste en ser vivida.
Quizás el gran cartel del mundo sea "Prohibido insistir".
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