Estuve leyendo la historia novelada de esta mujer, escrita por un guionista norteamericano en la década del 60. Tan bien escrita como para sacarla del cuadro bíblico famoso de una bravía madre que defendió de las aves rapaces y las fieras, durante más de diez días, los cuerpos ahorcados de sus hijos. Conocida como la concubina de Saúl, el rey pastor de los hebreos, y desconocida como mujer que convivió y participó activamente de los cambios políticos de su época.
Lo que más me gustó de esta historia es la perspectiva del autor, colocándose en el lugar de una anciana que acompañará y educará a Rizpah,y que revela aspectos de la mujer poco reconocidos.
La fuerza de Rizpah radicaba en su capacidad de compasión. Lejos de significar lástima, es la cualidad de sentir lo que el otro siente, poder ponerse en su lugar y comunicarse sin juzgarlo. Comprender la vulnerable naturaleza humana más allá de las apariencias. Y también equivocarse
Esto le salvó la vida, le permitió entender y atender asuntos complejos, y tratar con seres difíciles que le reconocían autoridad. Pero como el autor del libro la representa con sus defectos y debilidades, la muestra con los errores producidos en su pasión por Saúl, con quien llegó a confundirse en furias y venganzas.
Se equivocó sólo con los que no le importaban, y aún así, cuando eran castigados, sufría por la violencia y los odios desatados por el poder. Dictaminaban la vida y la muerte en nombre del dios o de los dioses, se arrogaban la interpretación absoluta de hechos y los signos, y arrasaban con cualquiera que pudiera competir con el poder que iban concentrando. Los reyes fueron marionetas heroicas y célebres, pero hombres destrozados por las presiones y las decisiones crueles que debían tomar.
Encontré una historia que no termina desde hace 3.000 años.
Que se replica en diferentes culturas y espacios humanizados.
Que dice más de muerte que de vida
Donde los niños son ignorados, masacrados, vulnerados...
Historia de la violencia.
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