Semana Santa. De golpe y de la noche, surgió el peligro. Hubo que actuar sin pausa, sin demora, sin tiempo. El presente estuvo marcado durante tres horas por los signos vitales en un monitor. No hubo otro tiempo que el de las pulsaciones, ni otra geografía que la temperatura de ese cuerpo tan joven, tan amado desde el primer movimiento que lo transportó a la vida. Todas sus risas, todos sus bellos giros y esperanzas estaban a disposición de las decisiones de otros. Mis manos estuvieron abrazando sus pies, amasándolos, como haciéndolos de nuevo.
Luego todo volvió lentamente a la normalidad, salvo lo que quedó lastimado debajo de los vestidos con los que hubo que cubrirse nuevamente para poder entenderse con el "esto hoy es normal"
Dije y redije, tiro para afuera, muestro y remuestro, sin embargo, hay tanto desencanto en las reacciones...
No quiero estar ahí, en esos lugares de la indiferencia y la obsecuencia, no puedo vivir ahí.
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