lunes, 6 de julio de 2015

Un cuento que siempre estuvo ahí



 Haciendo un comentario sobre la decisión tomada por el pueblo griego de respaldar un trato y unos tratados respetables entre la desgraciada Grecia y las las Tres Gracias de la comunidad financiera europea, acude el cuento Ante la Ley, de Kafka.
 Cuántas veces y de qué distintas maneras he mencionado y estudiado este cuento, ya no recuerdo. Pero sí, que desde hace más de 25 años.
 Siempre me daba cuenta que algo quedaba sin entender, que algún mensaje debía ser descifrado, y que era para mí.

 Al releer, seleccionar y pegar en el comentario, reconocí lo que me había faltado vivir.  Ya no sentía aquella expectativa.
 Ahora entiendo hasta qué punto las relaciones de poder pueden bloquear encuentros del alma entre los seres humanos. 
 Que el campesino muera sin saber que era su puerta, es tan dramático para él como para el guardián de esa única puerta. Ambos mueren sin dejar de ser más que dos atrapados por un no lugar, en el que serán reemplazados por otros inmediatamente. Ver un único sentido en una puerta que sería entre los dos una salida, es desactivar la experiencia que los hubiera transformado en mucho más que un campesino y un guardián.

 Pero esa es otra historia sin campesinos ni guardianes, una historia que contradice las desalmadas marcas de los espacios de poder; historias que nos devuelven a la vida plena.  







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