domingo, 26 de julio de 2015

No existe una escuela que enseñe a vivir



Mientras escribo y leo y escribo, escribo y leo.... sumergiendo en agua tibia álgidos textos académicos, mientras los embarullo, y provoco la interlocución de mis contraídos compañeros ultraacadémicos, encogidos por restricciones intelectuales de los protocolos que pretenden desmomificar. Con nosotros, dos o tres de los que andamos sueltos por los escenarios del enseñar y aprender desde abajo, y  que les venimos de regalo con nuestra presencia en bruto, siempreverdes, desencadenando mareas subjetivas que marean  la viciosa intelectualidad. 
Y nos hace bien a todos, es de calidad el paño que se arma en este telar, y salimos todos medios confundidos con el otro. Marta que viaja un día desde Salta para esas cuatro horas porque piensa construir un proyecto narrativo que reconstruya su escuela; Eduardo desde Ecuador, narrativas en la formación de los ingenieros! (feno meno-lógico!), Gerardo, capitán de jubilados narradores de Quilmes, y Mejico, y siempre Brasil y Colombia, y las becarias con edades que las entregan alegremente a sus proyectos académicos.

 A lo mejor logramos entre todos una composición inconclusa, viva, dinámica, que nos devuelva mejor, con menos méritos y más afectivads

 En espacios así 







Y que sea lo que sea...








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