Como las urracas que acarrean para sus nidos las cosas más disímiles e inesperadas, así estoy encontrando nidadas de buscadores de formas de nombrar.
Cómo decir lo que emerge desde los bordes y de las siluetas sombreadas, cómo hacer para que no se digan tal como son dichos, y se escriban y se inscriban.
La música puede, la música parece que lo puede todo.
Dijeron más que nadie, sin hablar fue cuando más dijeron. Con los tambores, los dos más jóvenes desde la izquierda hasta el maestro a la derecha, conversaron a través de los parches golpeados, palmeados, chaskeados.
El maestro está aquí provocándolos, y siempre sonriente, va asintiendo la sostenida aceleración del ritmo del tambor menor y esperando al tambor mayor hasta escucharlo salirse del acompañamiento y producir una variante que sólo él esperaba, sorprendiendo gratamente la monotonía del crescendo.
Se divierte y los divierte, nos divertimos.
Es otra manera de decir, otro lenguaje manifiesta la fuerza de la interlocución entre tonos y matices de sonidos que proyectan lo que la palabra apenas sabe balbucear.
Todo lo importante que fuera dicho luego, no tiene la trascendencia de este momento, no tiene el fundamento. Así llamaron a la obra que tramaron con ondas de invisibles alcances energéticos.

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