El de hoy es otro día que
comienza ventoso, la palmera bate y rebate sus palmas desmelenadas, ha quedado
como un mangrullo, una antena vegetal al universo. Anoche, junto a la media luna
apenas creciente, remontaba en alfombra mágica por encima de ríos y océanos,
hacia otras noches de otros paisajes.
Con un mate, consulto y
reorganizo el espacio de vida doméstica, el lugar nuevo que tengo que crear a
partir de la próxima semana, para que el vacío de la hija que parte dé lugar a otra
vida. Nueva vida para ella, que retorna
a la gran ciudad después de un año que permitió rehacer lo que se hubiera
destruido si no se modificaba. No sólo pudo conocerse tomando decisiones
nuevas, entenderse fuera de sistemas generando su propio sistema, nutrirse del
silencio provinciano y nuestra vida común, que había dejado atrás durante 15
años. Pudo recibir, sorpresivamente, un reconocimiento insólito y ni siquiera
buscado, desde espacios alejados de sus circuitos y ambiciones; un
reconocimiento formal a su capacidad creativa.
Y nueva vida para mí, tal como lo
hemos pactado primero con uno y luego con otra, la casa familiar tiene un
espacio de calafate, un lugar propio y especial donde cada uno que lo ocupa
viene a calafatear su vida, a recuperarse, nutrirse y orientarse, para volver a zarpar hacia su
particular destino. Por aquí se pasa, quedarse sería encallar. Esperar activa y
modestamente, para que las tempestades sociales no acorralen y te esquilen,
preparando las despedidas para cuando pase la tormenta.
Espacio que todavía no puedo dejar-queriendo
hacerlo. No me condena, porque empiezo a sentir un movimiento interior sorpresivo y conocido: se
están apagando mis ganas de seguir enseñando en los espacios de formación
tradicionales donde he convivido durante décadas. Mis necesidades de tejedora
que elige las fibras, las prepara, arma las tramas, construye o inventa modos de
enseñar y aprender alegremente, han decrecido. Y este proceso va aumentando día a día, así como ha sucedido en
otros momentos cuando algo se termina, ya no me gustan los lugares donde
trabajo, ni siquiera para renegarlos, no me entusiasman los procesos que
alimentaban mi energía. Los realizo y tomo distancia, no me encantan, me voy
yendo de una manera tan auténtica, que no puedo ni quiero detener.
Algo del afuera y con otrs, me está esperando.
No sé qué es todavía, descifrarlo es mi proyecto de vida actual. Sigo buscando
entre quienes quieren encontrarme, encontrarnos. Este tiempo es otro, las
tormentas de alta mar se han retirado y ya no dispersan mi energía, que vuelve
a potenciarse y concentrarse alegremente otra vez, para vivir y soñar
incansablemente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario