jueves, 6 de junio de 2019

Hoy




El de hoy es otro día que comienza ventoso, la palmera bate y rebate sus palmas desmelenadas, ha quedado como un mangrullo, una antena vegetal al universo. Anoche, junto a la media luna apenas creciente, remontaba en alfombra mágica por encima de ríos y océanos, hacia otras noches de otros paisajes.
Con un mate, consulto y reorganizo el espacio de vida doméstica, el lugar nuevo que tengo que crear a partir de la próxima semana, para que el vacío de la hija que parte dé lugar a otra vida. Nueva vida para ella, que retorna a la gran ciudad después de un año que permitió rehacer lo que se hubiera destruido si no se modificaba. No sólo pudo conocerse tomando decisiones nuevas, entenderse fuera de sistemas generando su propio sistema, nutrirse del silencio provinciano y nuestra vida común, que había dejado atrás durante 15 años. Pudo recibir, sorpresivamente, un reconocimiento insólito y ni siquiera buscado, desde espacios alejados de sus circuitos y ambiciones; un reconocimiento formal a su capacidad creativa.
Y nueva vida para mí, tal como lo hemos pactado primero con uno y luego con otra, la casa familiar tiene un espacio de calafate, un lugar propio y especial donde cada uno que lo ocupa viene a calafatear su vida, a recuperarse, nutrirse y orientarse, para volver a zarpar hacia su particular destino. Por aquí se pasa, quedarse sería encallar. Esperar activa y modestamente, para que las tempestades sociales no acorralen y te esquilen, preparando las despedidas para cuando pase la tormenta.
 Espacio que todavía no puedo dejar-queriendo hacerlo. No me condena, porque empiezo a sentir un  movimiento interior sorpresivo y conocido: se están apagando mis ganas de seguir enseñando en los espacios de formación tradicionales donde he convivido durante décadas. Mis necesidades de tejedora que elige las fibras, las prepara, arma las tramas, construye o inventa modos de enseñar y aprender alegremente, han decrecido. Y este proceso va  aumentando día a día, así como ha sucedido en otros momentos cuando algo se termina, ya no me gustan los lugares donde trabajo, ni siquiera para renegarlos, no me entusiasman los procesos que alimentaban mi energía. Los realizo y tomo distancia, no me encantan, me voy yendo de una manera tan auténtica, que no puedo ni quiero detener.
 Algo del afuera y con otrs, me está esperando. No sé qué es todavía, descifrarlo es mi proyecto de vida actual. Sigo buscando entre quienes quieren encontrarme, encontrarnos. Este tiempo es otro, las tormentas de alta mar se han retirado y ya no dispersan mi energía, que vuelve a potenciarse y concentrarse alegremente otra vez, para vivir y soñar incansablemente.






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