El domingo entró otro colibrí a la casa. Esta vez se quedó buscando salida en una entrada de luz del techo. Intenté ayudarlo, pero se asustaba y lo dejé tranquilo. Cuando cambiara la luz, saldría, hay unas ramas y dejé agua, una flor...
En algún momento salió por la puerta o la ventana abiertas.
Lo dejé tranquilo recordando muchas escenas de jóvenes que ingresan a las carreras de formación docente, burlarse con fotos sacadas entre los bancos y subidas a youtube, grabar al que se está equivocando y escracharlo... Simular frente a los profesores lo que no estaba sucediendo, orquestar formas del disimulo, del acorralamiento, del escarnio y la represión. Estallaron, atacaron, se enmascararon.
Y otros, se desalentaron. Sucedía en un curso especialmente, estaban instalando un hábito, bancate la agresión de algunos, aguantate la tuya y convivamos en la violencia resultante.
Cuando vi el colibrí asustado, volví a sentir las sensaciones de los que me confiaban su desaliento, en las últimas semanas
Habrá que sembrar colibríes
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