viernes, 26 de marzo de 2021

La vida viva

 


 Cuando intento volver a la vida, ese lugar renegado por los escenarios que se imponen cada vez con más prepotencia, y despejo las malezas de contradicciones preestablecidas, y me limpio las broncas como si me hubiera caído en un charco asqueroso (porque son mías y si decido rabiarlas también puedo decidir sacármelas de encima lo más pronto posible), y salgo dispuesta a seguir entera; cuando puedo hacer esto, reencuentro síntomas vitales en escenarios muy diversos. 

 Síntomas vitales. Huellas de originalidades relegadas a diferencias. Veo la desolación de personas que viven luchando por la vida, porque aman la vida en todas sus formas. 

 Y cuando digo amar no hago postal. Hablo de condenas y conmociones. Condena de seguridades, de maneras propias de ver y sentir que pueden salirse de sí, de mí, de lo acostumbrado, conocido, previsto, para poner en juego las posibilidades de encontrarse con lo que parece y no es, con lo vulnerable. Con otredades de lo encontrado, que no resultan de lo previsto 

 Espléndidas dimensiones del mundo sensible reduciéndose a réplicas ensimismadas, a proyecciones de lo mismo, del sí mismo, repeticiones, reservas, reducciones... páramos



 

 

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