lunes, 28 de septiembre de 2020

Cambios

 

"La luz ubicua recién descubierta es serena y silenciosa, ruidosas son las sombras y la 

oscuridad. La luz apoya su mano en mi espalda. No me doy vuelta porque desde hace 

mucho, mucho tiempo, reconozco su tacto. Es lo que primero vimos y nunca nombramos"

       Así dice John Berger  en  La recuperación de la mirada. Percepción de un ojo sano.


 Ando buscando nuevamente sus libros, quiero tenerlos para reconectarme con ese estilo 

de escribir como conversando con lo que siente o piensa, relata, reflexiona y asombra, 

trastorna y descubre mundos con otras posibilidades conviviendo bajo el barniz 

de simplificaciones o sobrevaloradas interpretaciones.

Descongela la interacción del tiempo y los espacios, y sus paisajes están vivos. 

Demuestra una contemplación que no toma distancia, que nos acerca a la vida 

en movimiento, a sus historias y misterios, a sus silencios ruidosos.


 Esto me devuelve a la lluvia torrencial del viernes a la noche, vientos y aguas enredándose

y desenredándose durante horas, festejando la respuesta primaveral a sedientas esperas,

tras algunas lluvias mezquinas de chubascos que eran chascos. 

Esta lluvia estuvo siendo un estreno primaveral durante todo el día, viento y agua entre  

truenos y relámpagos, rebalsaban cañerías, tiraban plantas, hojas, y dibujaban remolinos en 

almácigos y matas.

Cuando despierto y levanto las cortinas, la salida al patio era una pileta. Arremangándome 

la ropa y descalza, entré al agua helada y seguí disfrutando de caminar así a lo largo del

patio que había generado este invierno una mullida cobertura verde, sin rastrillo ni cortes

que impidieran desplegar hojas nunca vistas con ese volumen y crecimiento.

Anduve casi toda la mañana recuperando lo que pude, aspirando olores acres y musgosos, 

retirando fácilmente las yerbas invasoras, redistribuyendo fuerzas y respiros.

El rosal que había crecido amarrado a la palmera, no sobrevivió  por sí solo a las sacudidas

furiosas del frondoso ramaje que había generado en lo alto. Toda la planta quedó 

extendida a lo largo del sendero, pero algunos gajos menos pretenciosos volverán a crecer.


Siempre me gustaron las tormentas de este tipo cuando no alcanzan tanta violencia que 

impida disfrutarlas. Uno de los escenarios que revela el poder y la belleza de lo creado 

sin nuestra intervención. La renovación del aire, y la vuelta en calma, reinician los ritmos 

regulares, pulsos, respiraciones, pasos, voces y cantos, los bullicios, graznidos, aleteos, 

chillidos, murmullos, lo esperable.

Energías transformadas  




                                                                                                  


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