A principios de abril, anduve buscando una canción que lograra sintetizar mi relación rara con la historia y la poesía. Y encontré La Belleza de Luis Eduardo Aute.
Supe después que, en alguno de esos días, el poeta de la música y los pinceles había remontado su vuelo final.
Enemigo de la guerra
y su reverso, la medalla
no propuse otra batalla
que librar al corazón
de ponerse cuerpo a tierra
bajo el paso de una historia
que iba a alzar hasta la gloria
el poder de la razón
y ahora que ya no hay trincheras
el combate es la escalera
y el que trepe a lo mas alto
pondrá a salvo su cabeza
Aunque se hunda en el asfalto
la belleza...
En mí, sólo la poesía supera el terrible poder de la Historia voraz y consagrada. Es el banquete de los que escriben y suscriben una realidad del pasado, cuyo guión queda articulado por las guerras. Veraz por voraz, y consagrada por su eterna complicidad con cuanta sacralidad anduvo y anda sacramentando las sociedades humanas: ciencia que exige tanta sumisión como las creencias.
Pero están los poetas con el rayo de luz en sus palabras reveladoras, rebeldes, irreverentes. Los poetas que cantan los fracasos y los reveses de los triunfos, las historias de fulanos y menganos, los sueños y los insomnios, la belleza de expresiones y procesos sociales desconsiderados por la Historia dominante. Los que historian historiaS, buscadores de poliedros irregulares en versiones que se asoman desde diferentes ángulos, y desconciertan. Esa incompleta y contradictoria mirada sobre las realidades del pasado es la que me gusta enseñar. La belleza de lo incierto, de lo incomprensible y misterioso, lo incompleto visible o sospechado. Una panorámica 360º que nos obliga a girar y apagar el parabrisas de la racionalidad organizada.
Los momentos que cambiaron de traje pero siguen estando, durando. Escucharlos en las voces de los que producen el vino en sus fincas, y en los que sólo entregan su cosecha al vecino que lo acopia sin que el hábito quede registrado en proyectos regionales que documentarán lo resultado y visible. Gauchadas, arreglos, convenios del nos conviene o aprovechamientos de zorros y quirquinchos... cuántas historias que no cuentan en el devenir historiado, y sin embargo continúan perpetuando "desordenadas" formas de construir y deconstruir casi silenciosamente para permanecer vivos, identificados, y seguir contándola, una expresión popular que significa haberse salvado de la muerte.
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