sábado, 28 de mayo de 2016

Inolvidables



 Hoy entré a una espacio poblado de gente mayoritariamente muy joven, que forma parte de miles que el mismo día nos reunimos en distintos puntos del país para avanzar o concluir estudios con TIC. A través de programas nacionales que han funcionado como una capacitación permanente, a los que se accede desde la propia casa  y que comprenden encuentros presenciales regionales, formé parte de una de las mejores formas de capacitación docente que he conocido.
 Exigentes sin generar más tensiones que las propias del no saber, actualizados, con una proyección didáctica basada en el hacer desde uno mismo, un hacerse para generar estrategias y herramientas concientes de sus contenidos y sentidos. Todos los presentes coincidimos en eso, mientras los que han ignorado estos programas y siguen esperando que "vengan capacitadores", han renunciado a un preparación valiosa que sólo será reconocida históricamente cuando los vapores tóxicos del presente se asienten o desaparezcan, y pueda estudiarse con claridad esta pedagógica distribución del saber-poder.
 Ha sido tan fuerte la presión ideológica para desvalorizar los programas y los recursos, netbook para todos, que algunos renunciaron a una actualización regalada desde lo material, subvencionada hasta en los viajes de mediana distancia. Inculcada la desvalorización de lo propio, de lo que se tiene o se puede tener, por los mercaderes de ideas consumistas, muchos se han perdido una oportunidad que otros tantos estamos hoy festejando.

 Cuando bajaba de uno a otro piso en una pausa de nuestra actividad, entré en el escenario de otra carrera de posgrado donde proyectaban un recorte fílmico, no pude dejar de escuchar esas escenas de Luna de Avellaneda que valen por toda la película. Los protagonistas discuten la importancia y el sentido del sueño de mantener la comunidad de afectos generada por una buena vida compartida, por los momentos de alegría y de tristeza convivida, aquello que los reunía más allá de los intereses. Un margen en blanco que no produce ganancia, imprescindible para toda acción trascendente del sentido amoroso de nuestras vidas.
 En general y por las dudas, evito hablar con o de la otra mitad de la sociedad argentina dividida por el cara o cruz del 2015. La opción ha sido una elección mentirosa, optar no es elegir, fue la espada o la pared. 
 Pero no pude dejar de buscar otra mirada sobre lo que estaban proyectando, y alguien me respondió que viene siendo desde otros encuentros anteriores. 
 Volvimos atravesados por el sentido político de esta comunidad respetable, que ha podido transmitir desde las acciones un saber complejo, entre pares, codo a codo, sin poses, dialógico.
 
 Pero una especie de melancolía ha rodeado el cierre de mi posgrado, la comparto, tienen los tiempos contados, y será muy triste despedir un equipo que nos ha dado tanto. 
 



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