Hacer lo que me gusta no es algo fácil.
Sólo puedo vivir así y no me conformo con acomodar ingresos, eso poco vale sin gracia, sin encanto.
Ya no me gustan ciertos planes que imaginaba para esta etapa, los veo como círculos viciosos.
Por lo menos voy descubriendo lo que no quiero, y también que debo inventar.
Hay tiempo y ganas de elegir bien. Pocas ganas de hablar, las palabras me salen como repetidas y desganadas. Me hace bien la biodanza y poder estudiarla para niños. Encuentro otras formas de escuchar sobre todo, y también de decir. El origen de esta búsqueda sigue siendo amoroso, y está el dolor, que ya no se trepa por las paredes de mi pecho.
No puedo mirar a mi alrededor las noticias, se comparten las escenas violentas, y se vive exaltado o inerte. Trato y busco los lugares creativos, románticos les llaman, como si el levántate y anda no fuera un acto de coraje, somo si la alegría tierna debiera ser reemplazada por una diversión hilarante hasta sacrificio de tu propia manera de ser, a un ser todos-para sentir al día siguiente que no sos nada. Puedo estar sin sentirme tan diferente, puedo hacer lo que quiero, pero en algún momento me duele el dolor del que se ultraja, se traiciona. Eso lo siento a pura humanidad compartida, a veces antes que manifieste su dramatismo.
He despejado algunos compromisos regulares por una semana, voy reuniendo las ideas del último mes, las escenas, los contactos, y armando posibilidades. Imaginando lugares.
Una vida diferente, distendida e intensa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario