domingo, 21 de enero de 2018

Mi libro de la selva


Resulta  interminable soltar tantos años contenidos en un mundo de papeles, libros, fotos. Cada vez queda menos, hay pilas por todos lados, cajas, bolsas con tanto para tirar, quemar... regalar.
Todo lo que viví diariamente, periódicamente, cíclicamente, con esos difíciles y queribles jóvenes. Tomaré los últimos exámenes y cerraré la puerta.  Deseé no terminar "soportándolos" y se cumplió. El año pasado fue otro de los años en que aprendí mucho de ellos y me llevé imágenes inolvidables de sus rostros, escenas, particularidades; hubo hasta gestos emocionados de despedidas mudas, de requerimientos que salieron a golpear las puertas de los encargados de los cargos: queremos estudiar pensando. Los encargados llevaron esta inquietud a la última reunión del año como una novedad, sin tener en cuenta que molesta mucho a otros compañeros de clase que están muy bien haciendo repeticiones impecables, aprobando con 10 y recibiendo el vale de referentes y portadores de banderas, representaciones, delegaciones... jóvenes viejos.
Pero algunos de esos mismos representantes, también son inquietos en serio, creativos, potencialmente imaginativos y creadores. Esa variedad, la voy a extrañar seguro. Porque es rara entre los adultos.
 Estuvo en el gesto triste, desolado, reprimiendo lágrimas, del deportista ganador, del buen alumno y creador de historias sobre el espacio temporal de la historia social, ficciones que le encantaron y nos encantaron, cuando produjo una integración de la conquista y colonización de América a través del relato de un inmortal. Fue a los álbum Intervalo, a Nippur de Lagash, quedó asombrado de un mundo que no conocía, y entrevistó a los adultos, periodistas, familiares, entendió los tiempos simultáneos, las duraciones, los cambios de los procesos históricos estudiados y creó una personaje que los relatara. Tanto le gustó, que al año siguiente pidió seguir con esta difícil manera de estudiar Historia...
 También la diapositiva del oso torpe con cara de adulto, mal llevado, mal alumno, con su soledad vestida de soberbia y una capacidad de estudio inigualable, no sabíamos qué hacer con él. Decidí dejarlo hacer, y seguirle la línea, nuestras escuelas no son sistemas que alienten a los que aman el estudio. Las escenas inolvidables de sus escritos y exposiciones aplaudidos por sus compañeros, que jamás regalan nada, y que deliraron con su carta de amor (nos sorprendió a todos). Sin embargo su soledad es terca, y a pesar de los intentos de Timón y Pumba, simpáticos y cálidos, el león rugió y se metió cada vez  en su propia jaula.
 Cuando brindábamos en Nochebuena, recibí un mensaje tan amoroso como fuerte de M, una joven con cara de zorrito que se quedó con ganas de abrazarme y yo también...
 Aprendí a desistir, a tomar distancias, con ellos; tenía 20 años cuando comencé, y el desafío fue enorme, les debo mucho de lo que soy, para bien y para mal.
 Voy cerrando mi Libro de la Selva que tiene más escenas, pero no me da el cuero para seguir escribiendo sobre ellos...
 Creo que algo haré para ayudarlos a construir sus proyectos, todavía no sé qué... pero lo intentaré por lo menos.



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