domingo, 15 de enero de 2017

La lluvia que disuelve


Hernias de disco

 Me llueven las palabras como llanto acumulado por un mes de noticias con magnates que compran y ganan espacios políticos, mientras seguía leyendo, después de 4 años sin poder avanzar más que algunas páginas, "El último confín del mundo"(escalofriante expresión en estos tiempos de desequilibrios mundiales) de Lucas Bridges, autobiografía de un pionero de un siglo XIX que se hizo XX para culminar su obras más violentas.
 Fue oportuno, esta vez puedo entender sin padecerlo tanto, sin tropezar con mi propia indignación, y leer sus pensamientos más generosos-que los tuvo-para encontrar avanzando el libro, algo común y mortal, que me sacara de encima la imagen de colonizador iluminado encubierta por su lenguaje de cronista británico.
 Puedo entender cómo se construyeron las pirámides de mortales faraones, quiénes acarreamos las piedras mirando sólo la huella próxima, o de soslayo al que sigue o me sigue o lo sigo, a los pares e impares con los que me confundo o me distingo, casi lo mismo a veces. Cuando levantamos la vista desde la postura del habilis, la otra luz cegadora nos deja en actitud de reverencia y no podemos avanzar más, giramos en círculos de noria trabajando para construir lo que nos destruye.
 Nos perdemos la mirada panorámica, la que nos comprende, permite vernos con otros y en la situación del otro.
 Mirate, esa bala. ese palo, te están pegando a vos, no a "ellos". Los ellos están esperando en otra parte, invisible y ubicua, los efectos del moler a palos, y esperan con las tácticas y los tiempos de los carroñeros. Saben que la muerte (la sangrienta y la simbólica) del otro no reconocido como propia, es la lenta muerte del todo. Y avanzan sobre terreno que hemos trillado.

 ¿Quiénes son ellos y dónde están?
Los que viven en todo espacio que nos excluye, tienen esa pretensión de ser ellos, y toda actitud nuestra de pertenecer a ese espacio, incuba un ellos.
Es sustancialmente humana esta capacidad nuestra de alimentar y destruir los sistemas más armónicos.

 Y allá en el tiempo que quedó escrito por Lucas Brigdes, encuentro las dos caras de esa moneda. Jugándose la vida por sus amigos yaganes  y onas acorralados por el terrateniente, y tratando en el epígrafe de las fotos con reverenciada fórmula de Sr. la agradecida imagen que el ejecutor de los exterminios le proporcionó.


















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