Hace algunas horas, una hermosa tarde transparente despojada de estridencias, sin los motores y sirenas que aturden en mi pueblo.
Perros comunicándose a la distancia y un límpido día apagándose entre las hojas del bananero.
Alguna radio en la vecindad mientras se prepara un asado, parlantes que acercanyalejan cantares del balneario, una batucada caminando hacia el corso.
Dos horas después, una medialuna de irrepetible brillante en medio de la noche
Muchos años y en mi pecho un cielo abierto sin banderas.
No sé en qué momento escribiré sobre el largo camino de las relaciones de poder en nuestra familia y en las vidas de otras anteriores.
Vaya a saber cuándo.
Hoy dejo venir lo que se lleva intrigas y malestares carcomidos por largas tradiciones. Llegarán otros, pero serán nuevos e insostenibles.
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