“Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: Luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala, con un cartelito que dice : ‘Excursión a Quilmes’, o ‘Frank Sinatra’. Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: ‘No vayas a lastimarte’, y también : ‘Cuidado con los escalones’. Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y silenciosas, mientras que en la de los cronopios hay gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan siempre de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas en su sitio.”
Hoy Cortazar evocó una respuesta requerida hace un tiempo atrás:
¿Por qué no tenés retratos de tu familia colgados o apoyados en los muebles?
Sí los tengo, ahí están
Bueno, pero... son tres de tus hijos chiquitos y del grupo de niños-jóvenes de la familia. Y hoy? que sucede con ellos, cómo están? y los otros familiares?
No supe responder. Por algo sería... La palabra panteón apareció rápidamente, pero no la dije. No tenía ganas de explicar ni explicarme...
Hoy leo este fragmento de Cortázar y recuerdo aquella escena.
Justamente ayer estaba viendo qué hacía con un dragón dibujado por Bruno en un cartón que ya se había partido, emparchado y se estaba llenando de tierra entre los objetos de todos días; la escultura escolar de Sofía -la que reventó en el horno de arcilla y así mejoró la idea que quería plasmar- así más Sofía que nunca; de Ignacio los objetos que va dejando, que no se lleva, y los que va modificando el arreglador, el tempestuoso y amoroso arreglador; la mascarilla de yeso de mi papá, cuando era un adolescente inquieto que estaba modelando un futuro divertido en la gran ciudad y que regresó para cumplir con el orden y el progreso- sus posteriores tallas en madera mientras lograba esto alejándose de aquello; están las huellas de la cocina de mamá, objetos, recortes, el libro de Doña Petrona; y así de todos los que vivieron y viven esta esta casa... Están sus huellas, lo que hicieron de sí en el pasado. Estoy yo también con mis pinturas, los libros desparramados ...
Nada de esto se mira, no está para ser mirado como tenencia. Yo no los tengo ni alguna vez los tuve, no son míos. Quiero y quise tanto que ninguna foto puede transmitir eso, las fotos irrumpen-interrumpen la gracia de los gestos en movimiento.
No se monumenta en esta casa, todo es leña de hogar que arde permanentemente como el fuego.
Hoy Cortazar evocó una respuesta requerida hace un tiempo atrás:
¿Por qué no tenés retratos de tu familia colgados o apoyados en los muebles?
Sí los tengo, ahí están
Bueno, pero... son tres de tus hijos chiquitos y del grupo de niños-jóvenes de la familia. Y hoy? que sucede con ellos, cómo están? y los otros familiares?
No supe responder. Por algo sería... La palabra panteón apareció rápidamente, pero no la dije. No tenía ganas de explicar ni explicarme...
Hoy leo este fragmento de Cortázar y recuerdo aquella escena.
Justamente ayer estaba viendo qué hacía con un dragón dibujado por Bruno en un cartón que ya se había partido, emparchado y se estaba llenando de tierra entre los objetos de todos días; la escultura escolar de Sofía -la que reventó en el horno de arcilla y así mejoró la idea que quería plasmar- así más Sofía que nunca; de Ignacio los objetos que va dejando, que no se lleva, y los que va modificando el arreglador, el tempestuoso y amoroso arreglador; la mascarilla de yeso de mi papá, cuando era un adolescente inquieto que estaba modelando un futuro divertido en la gran ciudad y que regresó para cumplir con el orden y el progreso- sus posteriores tallas en madera mientras lograba esto alejándose de aquello; están las huellas de la cocina de mamá, objetos, recortes, el libro de Doña Petrona; y así de todos los que vivieron y viven esta esta casa... Están sus huellas, lo que hicieron de sí en el pasado. Estoy yo también con mis pinturas, los libros desparramados ...
Nada de esto se mira, no está para ser mirado como tenencia. Yo no los tengo ni alguna vez los tuve, no son míos. Quiero y quise tanto que ninguna foto puede transmitir eso, las fotos irrumpen-interrumpen la gracia de los gestos en movimiento.
No se monumenta en esta casa, todo es leña de hogar que arde permanentemente como el fuego.


