Introducción
a la química: Corto una calabaza
Es de noche y estoy cortando una calabaza
sobre la mesada de la cocina.
El corte del cuello de una calabaza común, dorada
y lisa,
se ha perlado de sudor.
Si fuera un rostro,
sería una piel donde han
rodado gotitas y gotas
como lágrimas cristalizadas,
demoradas por su pereza dulce.
La luz las abrillanta,
toco
apenas con el dedo meñique y me dejan un rastro casi húmedo
que entre las yemas
se siente apenas áspero y pegajoso.
El brillo en las gotas que suda la rodaja es
extraño.
Suspendió una simple tarea de preparar una
sopa,
concentró mi atención.
Me puse los anteojos para ver mejor y fue de otra
manera,
más acusada, definida, pero menos sensible.
Busqué el otro trozo sentado sobre sus traste
redondo
y estaba también perlado,
transpirando su corteza y mojado su asiento.
¿Conmociones de la calabaza?
Tentador lenguaje de la curiosidad.
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