domingo, 8 de diciembre de 2013

No hables con la boca llena


A veces las redes dan lugar a mensajes como este; si se ven los errores de redacción, hágase cargo de haberse quedado bajo las sombras minúsculas de una expresión mayúscula.

Guardo esta carta junto con un cuento que vengo atesorando desde hace algunos años


 Transcripción textual

Carta a un hijo

Era una mañana como cualquier otra,yo como siempre me hallaba de mal humor. Te regañe porque te estabas tardando demaciado en desayunar, te grite porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendi porque masticabas con la boca abierta. Comenzaste a refunfunar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso me levante y te empuje violentemente para que fueras a cambiarte de inmediato. Camino a la escuela no hablaste,sentado en el auto llevabas la mirada perdida. Te despediste tímidamente de mi,y yo sólo te advertí que no te portarás mal. Por la tardé, cuándo regrese a casa después de un dia de mucho trabajo,te encontré jugando en el jardin. Llevabas purstos tus pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos te dije que deberías de cuidar tu ropa y tus zapatos, que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mi te indique que caminaras erguido. Mas tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa. A la hora de cenar arroje la servilleta sobre la mesa grite que ya no soportaba más ese escándalo y subi a mi cuarto. Al poco rato mi irá comenzó a apagarse. Me di cuenta que habia exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar y darte una tierna caricia,pero no pude,después de hacer tal escena de indignación, mostrarme sumiso y arrepentido ? Luego escuche unos golpecitos en la puerta.'Adelante' ... dije,adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el humbral de la habitación. Te mire con seriedad y te pregunte. Te vas a dormir?... Vienes a despedirte? No contestaste,caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que mr lo esperará aceleraste tu andar y te hechaste en mis brazos cariñosamente. Te abraze...y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla. Senti que mi apma se quebrantaba. 'Hasta mañana papito' me dijiste. Que estaba haciendo? Porque me desespetp tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta,a exigirle como si fueras igual a mi y ciertamente no eras igual. Tu teniad cualidades de las que yo carecia: eras legítimo, puro bueno y sobretodo, sabias demostrar amor. Porqué me costaba tanto trabajó? Porqué tenia el hábito de estar siempre enojado? Qué es lo que me estaba aburriendo? Yo también fui niño. Cuándo fue que comenze a contaminarme? Después de un rato entre a su habitación y encendi con cuidado una lámpara. Dormiad profundamente tu hermoso rostro estaba ruborizado tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé. Me incline para rozar con mis labios tus mejillas,respire tu aroma limpio y dulce. No pud contener el sollozo,y cerré los ojos. Una de mis lágrimas rodo en tu piel,no te inmutaste. Me pusr de rodillas y te pedi perdón en silencio. Te cubri cuidadosamente con las cobijas y salí de tu habitación. ...Algún día sabrás que los padres no somos perfectos,pero sobretodo,ojala que te des cuenta de que pesr a todos mis errorres,te amo más que a mi vida.
Compartido por Dr. Lozano


Este es el cuento reservado

Conteniendo como puedo la masa de comida alojada en mi boca, me dispongo a hablar, pero tía Berta se anticipa y me dice: “No hables con la boca llena”.
  Presuroso, intento tragar lo más rápido posible, pero tía, que no pierde ocasión de instruirme, me dice, severa: “No hay que masticar rápido, sino bien”.
  Escondiendo a un lado de la boca la comida aún no tragada, voy a hablarle, pero ella lo advierte, y vuelve a reprenderme: “No hables con la boca llena”
  Ya está.  Mi boca se encuentra vacía; nada me impide dirigirle la palabra, pero tía, a quien nunca le faltan argumentos, me indica: “Respira bien antes de hablar, si no, tu cuerpo se llenará de gases”.
  Siguiendo sus instrucciones, cierro la boca y aspiro por la nariz. “Ahora puedes hablar”, me dice tía Berta, cuya vestimenta oscura se recorta contra el fondo luminoso de la ventana. Pero es tarde, porque un león, que escapó esta mañana del zoológico, la devora ya con fruición, emitiendo cada tanto algún rugido, sin preocuparse por las reglas de comportamiento en la mesa, ni por los beneficios de respirar correctamente. 


 No hables con la boca llena, por José Eduardo Gonzalez[1]


[1]  Escritor sanjuanino (Argentina) nacido en 1948, es ingeniero químico y docente universitario. Este cuento pertenece al libro San Juan. Antología de narradores y poetas. Ediciones Desde la gente, IMFC, Buenos Aires, 2000






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