lunes, 26 de agosto de 2019

Nerón y la belleza de los otros


 Hay una torpeza más cercana a la sinceridad que otros gestos, creo en ella porque me atrajo siempre, no es cualquiera, tiene algo especial. Es bella. Se parece a la de los niños o animales cuando juegan, se comunican directamente con el corazón. Ahora tengo un tiempo propio para aprender de otra manera, o de esa manera que más me ha gustado. Y sigo eligiendo estados que vienen de muy lejos, de tiempos biológicos, que no puedo ni quiero controlar porque me constituyen y hacen feliz.

Por eso, la atroz obra de ambición humana con la que convivimos recién esta semana, mientras venía ejecutándose casi silenciosamente entre la bulla insignificante de nuestras complicaciones...
Y que También Es una Torpeza ...
No puedo relacionarla con Aquella que elijo y defiende mi integridad, que me acerca al otro ser y a mi condición vulnerable que no ataca ni huye de lo que está siendo
Su sentido es totalmente contrario, responde a la ambición de negar y eludir lo que está siendo.
Se está construyendo un mundo paralelo con el que se juega peligrosamente barajando personajes, villanos ficcionales introducidos en escenarios naturales como una animación, para desnaturalizarlos y desnaturalizarnos.
Estamos aceptando ideas y acciones de destrucción, de violencia pura, de dominación y manipulación, llevados por una corriente que aprueba hacerlo. Mecanismos de acostumbramiento que rechinan, oxidados ya.
 Metemos la cabeza en el mismo plato de maíz partido, haciendo y deshaciendo casi las mismas cosas, ideas, charlas. Y otras muchas veces, pensamos y editamos lujosamente, mientras actuamos miserablemente.
Llenos de instrumentos para tomar conciencia de la desastrosa relación que estamos teniendo con nuestros organismos más vivos... los acumulamos, mostramos, reproducimos y desvirtuamos

El mundo que me encanta convive con el desencantado, y también existe aunque sea incendiado.




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