martes, 28 de noviembre de 2017

La vida que deseo vivir



Estar viviendo  puede ser una aventura, una fatiga, un riesgo, una alegría, variaciones de un después que será distinto de lo imaginado, ni qué decir planificado. Cuando el tiempo de vivir se va acortando, los momentos se alargan, se prolongan, se concentran; no está quien quiero y aburren o aturden, sea que prefiera la sola soledad o la acompañada. La sola me gusta más, despojada de toda pretensión, es lo que es, y así se va mejor. 
Aunque por momentos sienta la enorme tentación de entretenerme como muchs, llevar una vida entretenida es casi como ensayar mi muerte, algo hay que hacer para durar mientras llega.
Sentir el frío y el calor , el viento, la tierra en los ojos, quedarse esperando los eclipses, las lluvias de estrellas, a veces imposibles de adivinar siquiera. Entrar a la casa con frío y sentir el olor de algo nuevo, inventado, el sabor y la sensación de participar de un juego; proponer lo no planificado, y dejar que el abrazo compartido hable con sus voces envolventes, dejar la cabeza confiando en el otro. 
Esa vida es la que espero vivir, con casi nada y casi todo.  







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