domingo, 26 de noviembre de 2017

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Al mediodía llegó el mensaje. Un audio de una mujer que habla de los que no se habla, diciendo desesperadamente qué estaba sucediendo en la frontera terrestre. Un muerto, dos heridos aislados de todo auxilio, niños encarcelados con sus madres. 
Conozco la familia de esa mujer, son gente de paz. 
Compartirlo? sí claro, con algunos que no rabian, con los que saben hacer que la energía se transforme en una herramienta para construir; pero con los que necesitan cabecillas, estar convencidos, o desolados, para expresar SU angustia, ya no puedo compartir más que hechos concretos. Hacen lo que pueden, pero son peligrosamente parecidos a los que no pueden reconocerse como parte de los problemas; despechados, cuando el pecho se necesita más que nunca para escucharlo sentir lo que no se puede entender.
Nuestras fronteras están rojas, desde el agua más profunda del océano al tesoro de los manantiales de las montañas. Desaparecen los vigías soberanos, y patrullan los señores de la guerra. Nuestro país está herido y no nos damos cuenta? que las fábulas siempre nacieron de lo hablado, de lo dicho, que fablar es la posibilidad de fabular. Y nos quedamos con las fábulas emitidas, que van siendo despojadas de toda disonancia, repitiendo el cómo pueden ser las contradicciones, sin escuchar qué suena en el interior de cada una...

A tiempo me voy del espacio que comparto con los jóvenes desde hace ya 40 años. Vergüenza me daría hablar de "otra cosa" sobre lo que ellos han estudiado y reconocido en los libros como historias de la conquista y colonización 








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