miércoles, 17 de agosto de 2016

Ella buscaba la vereda del sol



He  conocido en este último mes a una persona pequeña de apenas 12 años, niña todavía. Ojos enormes, con los gestos y la terribilidad de la niñez.
Venía arrastrando una historia triste y vandálica, muy parecida a otra que circula hoy en los medios. Apenas estuvo con nosotros unas semanas, venía a refugiarse de una expulsión y de otros hechos que no decía. Nos enteramos de lo que sucedía, pero como una historia suya,  personal, del “en qué anda”, cuando en realidad su historia cargaba con medio barrio y otra media ciudad en diferentes barrios, nunca en uno. Todavía una niña, estaba teniendo su primera menstruación. Hablaba por los adultos, los que estaban contra ella no eran quienes le hacían daño sino quienes pretendían cuidarla, pero como deschavaban a los otros, ella debía callar. Quizás por eso no paraba de hablar de todo, sin pausa, agresivamente, cuidando a sus hermanos y peleando con ellos, atenta a todos y sin poder cuidarse a sí misma.
Se encariñó con nosotros a lo mejor porque no la retamos, la escuchamos y no estábamos de acuerdo con su partida, “porque acá soy un desastre, me llevo mal, no me quieren en el barrio, he tenido problemas”. Sus amigas la dejaban cuando se daban cuenta que hacía “algo malo” para recibir plata. Casi todos conocían su historia en el barrio. Pero lo que no pude saber fue el nombre y apellido del abusador, vivía en otra cuadra pero no tenía nombre. Sólo un hombre supo decirme que también había otro en la misma cuadra.
Vino la madre a buscarla y se la llevó a otra provincia, suponíamos que no iba a estar mejor, pero… a lo mejor…
Recibí un mensaje suyo cuando salía, con dibujos de ositos como los que dejó para pintar en las paredes.

Me zampé en una novela con destinos terribles, más terribles, para imaginarme que esa niña empezaría a ser una mujer fuerte, buscaría la luz  y vencería la poca suerte que había tenido hasta ahora.


Estoy haciendo un programa alegre para este fin de semana, quiero reírme mucho para juntar fuerzas otra vez, recargar energías.





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