Estos días me alejaron de las palabras, me
hartaron tantas palabras escritas o dichas.
Hasta que
escuché la canción de Eladia Blazquez después de mucho tiempo, tiempos en que su canto me sostenía: Honrar la vida. Como un himno que mantenía en pie y al timón en medio de aguas
tormentosas. Vuelve la canción a las radios, es hermosa, pero ya no hay timonel
ni orden que sostener- no estoy en el barco resistiendo los cantos de sirena ni
los gigantes de un solo ojo.
La diferencia entre enamorarse y amar.
Vivir
enamorada y necesitada de volver al enamoramiento cuando lo desvastado habla por sí mismo, volver a idealizar. Ha sido un refugio en las historias desde la
niñez, después en mundos ficcionales de la
literatura con una gran ventaja: siempre supe que entraba y salía de un
artificio, de algo que me podía hacer pensar e imaginar, pero que no podía
reemplazar la vida latente. Porque no puedo construir “castillos” en el aire prefiero visitar los construidos, pero sí he podido trastornar los ribetes de mis relaciones
personales más próximas hasta esfumar o remarcar sus rasgos para enamorarme y
sostener con ellos pequeños y cotidianos escenarios compartidos. He tratado de
hacer “la vista gorda” con los que elijo para vivir reconociendo sus
debilidades como propias-humanas, sus deseos como propios. Resignando me perdía en acercamientos abismales, sin conciencia del peligro. El límite era la abnegación, nunca llegué hasta ahí.
Hubo momentos en que la luz se hacía tan intensa, que podía ver-sentir ese peligro.
De ahí en más, los errores, las vueltas de
páginas, los retos, rupturas y amorosidades tuvieron un camino que andar y desandar, con
bancos para sentarme a ver caer escenarios de cartón pintado, o dejados de ser, o abriéndose
a un valle que los supera y deja atrás. Puedo convivir con mis otras maneras de ser, con las que no conocía y las conocidas, sin ser gaviota de vendaval.
Lo distinto es estar sola,
buscar sola, vivir sola sin desear la soledad y sólo para aprender de ella, de
su silencio que lleva a escuchar al otro de otra manera.
Enamorarse no es amar. Honrar la vida es cantar sin pensar el canto, cantar durante el canto, sin antes ni después del canto. Estar en el canto, ser canto.
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