sábado, 14 de marzo de 2015

Ser átomos


 Me despertó el viento. Las enormes hojas de la palmera que decidió crecer en nuestro patio se sacudían embarulladas. Había creído que lloviera. Ahora todo está calmo y se escuchan sonidos viscerales del afuera, de las ranas, palomas, grillos, gallos y otros minúsculos que despiertan de la noche. Se pueden reconocer como más lejanos en medio de un silencio de gran expectativa, un espacio suspendido esperando manifestarse. Nada es más importante que las pequeñas vidas crujiendo, chillando, piando.

Esta paz entrañable hace dormir despierta, me aletargo y mezclo con el aire fresco y húmedo hasta que los ruidos vengan a decir basta. Y mi materia desfigurada recupere las formas, y retorne a las cavidades de mi propio cuerpo funcionando para sí mismo.

Cuando me levanto y salgo al patio, todo está sumergido en gris. La expectativa es química, prepara la tormenta, y la lluvia se está anunciando a través del aire húmedo y fresco. 



Murmuraciones le llaman al vuelo de los estorninos, murmullos sería más bello





















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