domingo, 30 de noviembre de 2014

Hedición



    ¿Por qué tantos borradores?

Ahora que aprendí
a disfrutar
de mis errores,
puedo escribir

te kiero

por ejemplo

sabiendo  


que 

es 


palabra


dibujada





que



es preferible 




equivocarse                                escribiéndola

                                                                     que

                                                                               diciéndola





























sábado, 29 de noviembre de 2014

Don Ata


 El jueves fue un día agitado. Lo destiné a resolver las incorrecciones de mi vida laboral, viajando de gran ciudad a gran ciudad. 
 Cansada de sostener el estado de alerta y la tensión de los ritmos alterados por un paro de transporte, de subir y bajar trenes, esquivar atropellos y buscar salidas en oficinas y calles, después de una breve pausa me quedaba el compromiso de la tardecita. Un encuentro entre hermanos, gente hermosa que me había invitado a su programa de radio para compartir nuestro andar armando redes en educación.
 El horario de un programa es inamovible, y mi compromiso hacía que volara por las calles del centro porteño contando los minutos para llegar a San Martin y Lavalle. Y fue en Florida - la calle vip, a dos cuadras de llegar, donde me sacaron- por primera vez en la vida- la billetera y el celular. 
 Ninguna presa más fácil que el llevado por la urgencia.
 Así llegué al bar de la esquina de la radio, allí me socorrieron mis amigas, y salimos volando a hacer el programa.
 Me senté en el estudio de la radio sin saber dónde estaba casi, y sentíamos que se nos había aguado la fiesta del encuentro.
 Pero, sucedió algo inesperado. Después de las presentaciones, me dedican un tema musical de "un hombre que nació en tus pagos", me pasaron los auriculares y antes de escucharlo supe o deseé que fuera Don Ata, y allí estaba siendo con su canción El Aromo.
 Como siempre me llegó al alma, y me devolvió repuesta a disfrutar del hermoso momento que estaba sucediendo.

 Tengo esa facilidad de distraerme o seguir concentrada, no sabría decirlo, en la belleza de la vida. Gracias otra vez Don Ata, y a ls amigs atravesados por el hilo invisible de las acciones poéticas.








domingo, 23 de noviembre de 2014

Quién puede detener la primavera…


  
 Cuando uno de mis hijos era tan chiquito como para acurrucarse abrazado a mi rodilla mientras yo estaba sentada en la cama leyendo, sucedió algo inolvidable. Al sentirlo muy quieto, distraje mi atención de la página y lo observé de reojo. Tan absorto como yo, me miraba y miraba los renglones escritos en el papel, buscaba la relación, la razón que me apartaba de su animada presencia.


 Mucho tiempo después sentí algo parecido a lo que imaginé  en el niño.

Me aboqué a buscar en aquel libro de Erich Fromm las respuestas sugeridas, y fui recorriendo laboriosamente por áridos senderos racionales que, supuse, me volverían a la buena senda.
A pesar de toda la voluntad y recursos intelectuales aplicados, poco logré más que apartarme sin poder leer lo que en otra circunstancia hubiera sido hasta interesante para mí.

Tiempo después descubrí otro libro por el que pude deslizarme como pez, reanimarme y conocerme.

El Libro de la Vida, Krisnamurti, su mes de abril, sus ventanas abiertas, aquello que el niño quería ver.

 El decir, los tonos y los modos que superan las palabras, imperfectos y hasta torpes a veces, comunicadores del alma.

 “Quién puede detener la primavera” 

Qué son estas palabras sin alguien que las reconozca y se reconozca.




















domingo, 16 de noviembre de 2014

Interiores



Hay versos que no resisten la intemperie,que se leen entre dos.
Al verlos tan expuestos,prefiero cuidarlos; siento dejarlos en un lugar despiadado, donde se abochorne y marchite su alegría. 
Son versos que quieren compartirse y andar conjugándose con la vida.




miércoles, 12 de noviembre de 2014

sin espejismos



Hoy más que nunca
vuelve aquella pregunta
¿qué es la realidad?

Esto es de verdad
o es el espejismo
del sediento en el desierto

Una palabra
valiente, generosa
depositada con confianza
apartada del orgullo
descuidada
entregada

puede cambiar el mundo
mi mundo
nuestro mundo

El poder liberador
está en la desilusión
Nadie es libre
enredado en los tules
de las fantasías

Amar al otro
es ayudarlo
a ser libre




domingo, 9 de noviembre de 2014

Esteban


Para descansar de escenarios del horror
 entrevistos en imágenes
 de cómo se empobrece, se arrima y se tiran los indóciles a la muerte
 -el pensamiento es indócil
 Para seguir ensayando la confianza del ruiseñor que sigue armando su nido en las ramas bajas
 y queda expuesto y sin embargo
 sigue la alegría de su canto.
Para seguir viviendo hago de calandria, imito el canto que canta con Esteban Morgado.

Con su cuarteto dibuja melodías que van y vienen por las habitaciones,
alimento cotidiano tan necesario como el agua y el sol,
la lluvia y el viento, el frío y el calor,
la noche y el día.




domingo, 2 de noviembre de 2014

Ongamira

 En estos días y desde hace un tiempo, vengo reviviendo las sensaciones sin entender demasiado pero con aquella manera de ver: en la noche plenamente oscura la luz viene de adentro.
 Mientras había subido la montaña, lo superfluo y hasta lo necesario fueron quedando en el camino; ya en la cima y abrazada por el horizonte quedaba con lo sustancial, ahí supe qué alimenta mis reservas de energía y quiénes estaban en lo profundo de mi corazón.

 Fue en Ongamira.
 A mediados de enero, bajando del cerro Colchiqui en una noche acorralada por relámpagos, sin luna ni estrellas, rodeados de bichitos de luz siete desorientados compartíamos cuatro linternas.  El guía había caído bajo sospecha por la ansiedad del agotamiento y la tensión permanente. Una ladera precipitada se tragaba las piedras que cedían a nuestras pisadas, nada veíamos, pero conservábamos las imágenes escaladas bajo el sol  por un angosto y espinoso sendero vertical, escarpado y con poco margen de error.
 Los cambios de rumbo y las dudas generaban preocupación, todavía faltaba llegar a un encrucijada que no aparecía.  Sedientos y sin ver más el aro iluminado por la linterna, sintiendo el misterio moviéndose silenciosamente a nuestro alrededor, sentíamos una indefensión nada cotidiana. Los fuertes se habían debilitado, los parlantes marchaban callados, y los más dislocados compartían el esfuerzo con los menos.
  Siempre me he rendido a las grandes manifestaciones de la naturaleza, la furia de las tormentas, las dimensiones desmesuradas del espacio y de su energías inabarcables, indómitas, me atraviesan como si perdiera los bordes. Quizás por eso, para sentir más plenamente momentos únicos, me alejé de la senda entre linternas y desde una posición rezagada, seguí caminando a oscuras. Fue una exploración de mis capacidades de ver sin ojos maravillosa, sentía una seguridad rara, veía oyendo, tanteando, olfateando y percibiendo con otros sentidos no reconocidos que la desorientación era pasajera, confiaba en lo invisible y no sentía miedo al avance de la tormenta, no me apuraba porque otra fuerza mayúscula decidía los tiempos.
 Llegamos al valle y luego a la hostería, media hora antes que se desatara la tormenta más fuerte del verano. Esa noche casi no dormí, escuchando cómo claveteaban las ventanas y atando la mía que apenas resistía la furia del viento y la lluvia.
 En las próximas excursiones entendí qué significaba ver sin ojos, cuando mis compañeros fueron una pareja de invidentes aventureros que sabían comunicarse como pocos. Esta es otra historia en Tramontana, el lugar de los encuentros.