Hace mucho que he dejado de escribir historias, hacerlas ha sido un trabajo exigente o alentador según las necesidades del momento.También he dejado de leerlas o verlas en películas y series, menos aún en series que ocupan la vida viva, la "reemplazan" hasta temporalmente. Alguien que reconstruye la caverna, sentado en un sillón frente a pantallas.
Sin embargo, durante algunos días de este mes, salté sobre el desinterés y me atraqué de unas y de otras. Quizás tenía que llegar a la raíz de aquel alejamiento: una sensación de vacío mortal. Mortal. Nada está allí.
Hay una historia, y por vivir. Paso las páginas de los casiamores que tengo cerca, nuevos, bellos, interesantes. Paso prometedoras páginas con aburrimiento e inmerecida indiferencia o entusiasmos, variante de lo mismo.
Una historia terca, inconclusa, extrañamente breve? y persistente, inenarrable, expresada en otro idioma, paralela a los hechos, casi sin hechos propios, casi muda, distante y presente, que quiere vivir... que no me intriga, es mucho más, no deja en paz la alegría que estoy cultivando con los mejores recursos, atesorando buenas cepas, descubriendo brechas hacia lugares deseados y disfrutados.
Algo de mi ser auténtico, sustancial, se conmueve desde hace diez años hacia una dimensión inaccesible. Algo se con-mueve entre dos desconocidos que no han compartido nada de "este mundo"