sábado, 31 de diciembre de 2016

Costura invisible

Así se denomina a una forma manual de coser que no permite ver las puntadas.

Invisibles son las huellas que se dejan al cerrar las puertas de los lugares de trabajo, sobre todo de aquellos que son más que eso. La bandada migra con el calor, y se dispersa, Nos deja tiempo para pensar y decidir, y tendré que pensar muy bien esta vez


En Navidad pude hacer algo que creía imposible. Ese día me levanté decidida a llamar a la única persona que no pude perdonar en estos años. Fue un milagro de Navidad, llamé mi tía de 87 años que decidió olvidar a su hermana-mi madre cuando enfermó, y no verla más, Sentí que estaba haciéndome cargo de otra historia, que no es la mía, y repetía circuitos cerrados. Hablar con ella y sentir que no me conmovía, saludarla y cortar, fue saludable, era una cuestión personal.
 Es cierto que perdonar hace bien, nunca había sido tan conciente de un resentimiento como en este caso.


Basta de visitas. Ya no ´puedo visitar y cada vez son más incómodas las visitas, sólo quiero encontrarme con personas ganosas de compartir vida.


Ayer tuve tiempo de darme cuenta lo que ha cambiado mi relación con los ambientes preclaros, pude escuchar y reconocer en otro mis viejas dependencias.
Pero la distancia se notó más todavía al comentar los cambios sociales acelerados que hemos vivido en los últimos años, ahí quedó dividido el terreno: esos cambios lo "sufrieron otros". Celebro que sean mis compañeros de trabajo esos otros, los jóvenes y menos jóvenes que no se la pierden ni se atrincheran. Lo padezco y lo celebro a la vez. De todas las maneras de idiotizarse, prefiero las móviles e imprevistas.


Y hoy es un día tan tranquilo como viene siendo la semana, sereno dirá mejor. No hay deberes que cumplir, ni penumbras que padecer-

Sólo un anuncio de lluvias intensas para mañana organiza las decisiones.












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