Circula un airecito fresco entre puertas y ventanas abiertas al día de sol y brisas
Ha cedido el calor sofocante y perturbador, embravecido por la sequía que reinó por más de tres meses.
Y seguirá haciéndolo en mi terruño polvoriento, despojado del suelo más fértil y agotado por la ambiciones cada vez más concentradas y desligadas de la producción. Nuestros paisanos hablan del campo con el dólar en el pico, como papagayos entrenados para consumirlo. Imposible habitar las chacras, sólo quedan algunas en condición de víctimas, comentando cómo mueren "los animales" frente a sus ojos.
He regresado de amplias regiones de aire puro, cargada del bienestar natural que generan.
Breves e intensas vacaciones .
Espacios también amenazados por esta rabia destructiva de la belleza que nos comunica con una calidad de vida irreemplazable. La necesidad de apropiar, capturar, controlar, dominar... por encima de todo.