sábado, 19 de junio de 2021

Parece

 

que estamos alimentando una versión de humanidad creadora de universos artificiales, decidida a reemplazar la versión natural a la que arribamos hace muy poco tiempo geológico, para tanta ínfula.
El futuro está visible para esa parte de humanidad, y sólo hay que operar sobre lo imprevisto suprimiendo, eliminando, como en los teclados y comandos.
Las actitudes cotidianas ya responden a esto, te imagino-me imagino-lo imagino, me edito-te edito-nos editamos, y nos tratamos desde nuestros perfiles imaginarios... 
Relaciones en verticalísimas cápsulas asépticas, del que más o mejor, al que menos y poco o nada materialmente virtualizado; y cuando alguna imperfección natural salpica la foto, saltan maquillajes benevolentes y aparecen variedades ancestrales de fiereza que ya figuran en las enciclopedias de la historia universal.

Hay muchos hartazgos manifestándose por ahí, para salir de las nubes en las que estamos viviendo, necesaria e innecesariamente.

Como el de la mayoría, el mío comienza siendo nostálgico. Recuerdo con añoranza mi Citroen3CV,
comprado cuando empezábamos a salir-entrando al nuevo siglo, y disfrutado 14 años para trasladarme en las zonas próximas sintiendo la naturaleza, atravesando las heladas y los paisajes escarchados de las mañanas tempranas, aventando el calor feroz de los veranos, descapotado y abierto al afuera hasta incomodar al lego. El citro nunca falló, garantizaba siempre alguna aventura, y estaba dispuesto allá donde otros autos confortables retaceaban, todo terreno para compartir; "Profe, podemos tunearlo, qué lindo está..." "Si todos aprueban, para la primavera siguiente..."
Recuerdo especialmente los mensajes alegres que recibía cuando superábamos algún escollo con el coche rana por falta de otros motores disponibles, atravesando campos, zanjones y algún barrial. 
Hasta que lo vendí, porque necesitaba ampliar mis circuitos por ruta y no daba para enormes diferencias de velocidades y reacciones. Hace tres años lo compró alguien que sabía reconocer su valor, disfrutarlo y cuidarlo.

No hay atrás y adelante para la vida, no atrasa ni adelanta, es sinuosa, genera deltas por arrastre, y lo que falla quizás nunca falle o lo haga cuando menos lo pensamos.

Quizás... esta otra humanidad que disfruta con "poco", con todo lo creado en el mundo anterior a nosotros, sin querer modificarlo para reemplazarlo por un imaginario, esté siendo llevada también  a otra utilitaria deshumanización imaginada... imprevisible...