Mamihlapinatapai/ Origen yagan de Tierra del Fuego
calificada por El libro Guinness de los Récords como “la más expresiva de la historia”.
Y según Thomas Bridges, pastor anglicano, primer hombre blanco que habitó en Tierra del Fuego (1856), recopiló en su diccionario inglés-yámana 32.000 palabras y vivió asombrado por el vocabulario, la gramática y el sabio uso de los verbos por parte de estos nativos.
Tenían cinco palabras diferentes para nombrar la nieve (según el tamaño o la dirección de los copos) y eran muchos los términos que usaban para mencionar la playa, que cambiaba de nombre de acuerdo a que lado del agua estaba quien la mencionaba y según quien fuese el que la nombraba: hahshuk (playa con piedras), lahpicun (playa con barro), asetan (playa arenosa) o wahan (playa para ir a secarse).
Para vínculos familiares existían más de cincuenta denominaciones pero los números sólo llegaban hasta 10 (lo común era usar hasta 3): 1 (kavuéli), 2 (amaka) y 3 (maten).
Más de 10 era “mucho”. O más aún: “demasiado”.
Cada palabra variaba de significado según el sitio en la que se decía: una palabra no significaba lo mismo en una canoa que en el bosque, no representaba lo mismo cuando el sol estaba alto en el Estrecho de Magallanes que cuando la luna brillaba sobre el Canal Beagle.
Friedrich Nietzsche pensaba que las palabras jamás llegan a la verdad y que los diferentes idiomas y lenguas son un ejército de metáforas incapaces de alcanzar la realidad. ¿Pero qué hubiera pensado de haber sabido que las palabras de los fueguinos eran exactamente lo que ellos veían, pero pasado por el tamiz de una asombrosa poesía? Tal vez habría pensado, como quien escribe esta nota, que nunca como en el caso de los yámanas las palabras estuvieron tan cerca de ser lo que deseaban nombrar.
Bruce Chatwin (“Patagonia”, Londres, 1977) se asombró al encontrar un pueblo que, como el yámana, para definir la “monotonía”, decía que era “lo mismo que no tener amigos varones”. O que para decir “depresión” o “crisis” utilizaba la misma palabra que describía “el período difícil en que el cangrejo pierde su viejo caparazón y está esperando a que el nuevo le crezca”.
El peor insulto era Walapatuj que significa hombre que ha matado a otro hombre y esa palabra no se aplicaba a muertos en pelea. A un hombre que había perdido un dedo lo llamaban Wash terrh khomm (el zorro de la montaña que ha perdido una garra).
Yámana es una palabra que proviene del yagán y significa “hombre”. Yagán fue el nombre que dio Thomas Bridges a los nativos que vivían en el Paso de Murray que los nativos llamaban Yahga. En cuanto a kawésqar el significado de la palabra es "seres racionales de piel y hueso".
Los yámanas mencionaban la primavera imitando con la boca el sonido que parpaban los patos al llegar esa estación del año. Y cantaban en la costa para que se les acercasen las ballenas que eran parte de su alimento. Y las ballenas iban. Pero no era magia: sólo cantaban en la época en que los cetáceos se acercaban a esas costas…
Si las palabras son metáforas quiere decir que se parecen a la poesía. Pero en el caso de los yámanas y los kawésqar nosotros sólo podemos sentir que todas sus palabras eran poesía pura.
No conocían el vértigo, se cortaban el pelo con valvas de almejas, eran fuertes y musculosos (no tanto como ciertos cuadros que los pintan como a obreros de Ricardo Carpani) y no conocían la calvicie ni el dolor de muelas. Vivían desnudos en la nieve, sufrían de los ojos por el humo que encendían en las chozas para cocinar mariscos, sentían gran ternura por los animales (perros recién nacidos de perras que morían eran amamantados por mujeres kawesqar), las madres no usaban cunas y los bebés dormían en sus brazos contra el pecho desnudo.
Comían frutos del mar y frutillas (rubus geoides). Y eran tan inocentes que, cuando los golpeaban los hombres blancos, les decían la palabra frutilla creyendo que así los podían endulzar.
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Lo que continúa a esta selección del escrito de Luis Frontera, es triste, brutal. Pertenece a la conquista...
En la actualidad, se considera a sus formas de vivir en comunidad como un modelo de equilibrio, sabiduría y buen trato.

