Es viernes, de noche. El viento sopla del este.
Cierra la puerta y sale hacia la esquina que espera al final de la cuadra. Recuerda lo que sintió en la semana mirando esa esquina, lo que había imaginado era...encantador...
Ya anocheció y se han interrumpido los ruidos- quizás sea la hora de cenar.
Dobla esa esquina y sigue caminando por la calle sin tiempo, la que llevaba a tomar el tren hace muchas madrugadas tan frías, tan mudas, cuando las pisadas resonaban bajo los efectos de la helada, con ecos resecos.
Los trenes han dejado de pasar, hacen ejercicios que parecen militares, llevan cargamentos fantasmas, alguna vez, por algunas vías...
Camina varias cuadras, cuando llegue a destino todo encanto cesará, se perderá entre la monotonía bulliciosa.