En las mañanas muy temprano, antes de salir al torbellino, circular por las rutinas o encontrarme con lo nuevo, quedo mirando, un rato y en silencio, por uno de los ojos que se asoman en lo alto de mi casa. Cielos nublados, hoscos o empañados, a veces claridades metálicas en los bordes de las hojas de palmera reflejando brillantes amaneceres. ...pero es invierno.
Mientras miro la belleza sin palabras del mundo hecho para ser amado, veo tus ojos decidores.
Luego sigo, sigo andando entre la ceguera que me humaniza, ignora y destruye aire, agua... aquello que fue nombrado paraíso sólo para obtenerlo, como si la palabra pudiera mantener El susceptible encaje que nos contiene.
Entre todos los gestos y gesticulaciones, entre lo hermoso y lo terrible, a veces sólo veo tus ojos. Y si puedo, me detengo y acurruco abrazando, no avanzando, replegando todo plan, sin voluntad, fuera del tráfago... esencialmente
Creo que es eso lo que anduve buscando
Ese lugar de la enorme contradicción entre los decires mudos y los callares cantantes y sonantes.
La representación del paraíso...
A ese tiempo sin tiempo, de pura conciencia amorosa, le sigue siempre este levántate y anda
Quizás menos se pierde cuando poco se guarda, por esos agujeros circula una corriente más sentida como vida


