Hay en la ingenuidad algo que me constituye. No puedo- no quiere dejarme.
Creo- espero- me acompañará toda la vida. Siempre termino eligiéndola.
Es mi manera de ser responsable, de sentirme libre.
No es fácil vivir la ingenuidad, no tiene prestigio social, es sospechada y confundida con virginidad cultural, o inocencia celestial. Pero sobre todo, la gran diferencia es que carece de prestigio.
Para mí solo consiste en seguir y seguir mirando y sintiendo el impulso vital de la vida como un trazo invisible pero muy fuerte que sigue estando detrás y entre las formas de lo visible y cambiante.
Es una luz que siempre existe aún entre las tormentas feroces o las oscuridades tenebrosas, puedo distraerme-mantenerme concentrada- en aquella luz que permanece, que sigue estando.
No he podido tapar el sol con una mano, ni con dos...
No es miedo a la libertad, es terror a la vanalidad.
El Perro Verde y esta versión mal editada, pero que deja ver la intensa luz de su mensaje por encima de las apariencias.